El camino a Catemito (G-346) es la ruta que conecta la Avenida Calera de Tango y la Calle Eyzaguirre en San Bernardo. Es una vía de alto tránsito, en especial de vehículos particulares, pero también de camiones.
Es un espacio complejo para transitar a pie o en bicicleta, no hay el espacio ni el respeto para que transitar de otra forma que no sea dentro de un vehículo motorizado sea seguro. Personalmente me ha tocado vivir, varias veces la experiencia de vehículos a alta velocidad pasando a escasos centímetros de mis brazos, pudiendo sentir como mi alma estuvo a punto de escapar de mi cuerpo.
Es algo común según parece en esta parte de Santiago, que los vehículos tomen gran velocidad en caminos rurales o interurbanos, y me parece un milagro que no muera más gente en estas carreteras. Sin mentir puedo decir que los vehículos que transitan por este camino superan casi en todos los casos la velocidad máxima permitida en ciertos tramos de 60 kilómetros por hora, incluso en los tramos de menor velocidad en zonas de curvas, restringido a 40 km/h. No conozco las razones exactas de por qué se produce este fenómeno, pero es peligroso. Personalmente también he sido testigo de graves accidentes, en especial en la parte del camino que se encuentra dentro de Calera de Tango, muchas veces siniestros viales por las noches, muchas protagonizadas por conductores en estado de ebriedad.
Ahora el panorama para mí parece ser distinto, ya no se ven tantos conductores que se encuentren en malas condiciones para manejar un vehículo, pero sí la imprudencia y también las malas intenciones de aquellos que están tras un volante, dispuestos a dañar la integridad de una persona si les parece factible.
Ya no es como antes, había un respeto hacia los peatones, en días de lluvia los vehículos pasan a toda velocidad por un camino que no tiene buena visibilidad, en especial en los tramos más cercanos al cerro Chena, al norte de la comuna de Calera de Tango. En otros tramos es común que se generen pozas del agua caída, por las que los vehículos siguen pasando a alta velocidad, mojando con aguas sucias a quienes tienen la desgracia de no poder acceder a un vehículo para transportarse, siendo casi culpados por no destinar sus limitados recursos a un vehículo particular.
Para los ciclistas también parece ser un tema complejo, existe una infraestructura que asimila ser una ciclovía, paralela al camino de dos pistas, pero esta en realidad actúa más como una especie de berma o estacionamiento temporal para quienes creen que pueden orinar e incluso defecar en la vía pública, afectando la calidad de vida de los vecinos, como también haciendo de estos espacios un verdadero basural. Esta ciclovía tampoco es continuada, se encuentra fragmentada en ciertas partes, en especial por la presencia de acequias que obligan a estrechar el camino, dando evidente prioridad a los vehículos motorizados por sobre los peatones y ciclistas. Sin embargo hay ciclistas y peatones que desafían estos impedimentos, ya sea por una necesidad imperante o simplemente, tratan de hacer de sus vidas menos dependientes de los automóviles particulares y de los combustibles fósiles, pero parecen ser los menos, y también arriesgan sus vidas en el proceso.
Parece ser un panorama desolador para quienes no tienen los recursos para poder vivir en dependencia de un automóvil, no sólo en esta comuna, sino también en otras a lo largo del país, que no hay otra alternativa, y que si no llegan a poseer un vehículo estos habitantes pueden parecer excluidos de sus comunidades y de la sociedad, aunque esto puede ser algo más extremo, es parecido a lo que sucede en Estados Unidos (según muchos un país desarrollado), donde es necesario un vehículo para la vida en sociedad y poder ser un miembro funcional de una sociedad dependiente de la industria automotriz. Es quizás entonces que Chile puede ser una especie de pequeño EE.UU., conservando sus proporciones y realidades, y así el camino a Catemito un ejemplo de lo que sucede también en muchas otras comunas, ciudades y pueblos de Chile.